Las botellas rectangulares de vidrio que quisieron ser ladrillos

Las botellas rectangulares de vidrio que quisieron ser ladrillos

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Hay historias que bien merecen ser contadas. He aquí una que aunque no pudo culminarse con gran éxito, sirvió a una buena causa y fue pionera en esto del reciclaje. Nos remontamos a 1960. Alfred Heineken (1923-2002), nieto del fundador de la conocida compañía de cervezas, advirtió en una visita a la isla caribeña de Curazao las condiciones de pobreza en que vivían buena parte de los habitantes del lugar. Se percató de que sus casas adolecían de una paupérrima calidad, debido en parte a una evidente carencia de materiales de construcción. Alfred también vio con preocupación, y seguro que con un cierto grado de culpabilidad, cómo las playas de la isla estaban atestadas de botellas de cerveza –botellas de vidrio-, muchas de las cuales llevaban la etiqueta de su empresa. No solo las botellas contaminaban las playas, también lo hacía su apellido. Y decidió actuar.

Ayudado por el arquitecto holandés John N. Habraken, Alfred diseñó una botella de vidrio que pudiera servir como ladrillo una vez consumida la cerveza contenida en su interior. La botella cuadrada ideada mataría dos pájaros de un tiro una vez reciclada: por un lado permitiría construir casas, y por otro reduciría la contaminación en forma de residuos en playas y otros lugares de Curazao y de otros puntos del planeta.

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En 1963 se llegaron a producir 100.000 botellas de prueba. Estos envases de vidrio estaban diseñados de forma que el cuello de una botella se podía incrustar en la base de la siguiente, y los lados se alineaban en hileras a través de pequeñas protuberancias que facilitaban su manejo y su adaptación al mortero. El problema de las esquinas y aberturas se solventó diseñando dos tamaños de botella: una de 500 mm y otra de 350 mm. Alfred también se preocupó de que vinieran impresas las instrucciones de construcción en las etiquetas de estas pioneras botellas-ladrillos.

Esta iniciativa revolucionaria no llegó a fructificar porque los directores de la compañía creyeron comprometida la imagen de la marca al poder ser asociada con la pobreza. Tampoco les hacía mucha gracia la idea de algún hipotético derrumbe de viviendas construidas con sus botellas de vidrio recicladas. Solo se llegó a construir una pequeña cabaña y una cubierta (ver fotos). El resto de botellas cuadradas existentes son objeto de deseo para coleccionistas.

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A pesar del corto recorrido que tuvo la iniciativa de Alfred, el crítico de arquitectura Martin Pawley remarca que “fue la primera producción masiva diseñada desde el principio para tener un uso secundario como elemento de construcción”. Toda una referencia y un modelo a seguir para los millones de personas que, con el paso de los años, han apostado, apostamos y apostaremos por la cultura de la reutilización y el reciclaje.

Por eso, hagamos honor a historias como esta y llevemos nuestras botellas, tarros y frascos de vidrio al iglú verde para así reducir la contaminación, dar un respiro a los vertederos y ahorrar en materias primas, energía, agua y emisiones de CO2.

Fuentes y fotos: Plataforma Arquitectura, Ciencia y Cemento e Inhabitat

 

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  • Susana

    Espectacular!…..son un aporte espectacular a nuestro medio ambiente…. una luz a nuestra creatividad y a un futuro grandioso!