La esfera mágica

La esfera mágica

Escrito por: Santos Suárez Alvarez
Colegio: CEIP Antonio González de Lama
Curso:
Ciudad: León
Provincia: León

Aquella tarde Constantino y sus alumnos se encontraban en Gaia, el parque más grande de la ciudad situado junto al río Mundo, recogiendo residuos que la gente que acudía al parque dejaba habitualmente desperdigados por el terreno. Les había pedido que llevaran una bolsa amarilla y otra azul para recoger los distintos desperdicios –principalmente, envases de plástico y cartones- que luego depositarían en los contenedores respectivos. Era una clase práctica sobre el reciclaje.

– ¿Por qué hay tanta gente que no recoge adecuadamente su basura?- preguntó Esperanza.

– Para darse cuenta de las cosas más importantes, tenemos que aprender a mirar a nuestro alrededor a través de una esfera mágica- respondió enigmáticamente Constantino.

Mientras hablaba, Constantino se acercó a la orilla del río e introdujo sus manos en el agua. Entonces comentó:

– ¿Sabíais que la Tierra es una gran esfera que nos muestra la senda que siguen nuestros pasos en este planeta?

En ese preciso instante, el agua empezó a adquirir una textura gelatinosa en sus manos que con movimientos envolventes amasaron una especie de esfera transparente. Se la acercó a Esperanza que la cogió con sumo cuidado. Así fue haciendo esferas para cada uno de los chicos hasta que todos tuvieron una en sus manos. Finalmente, también hizo una esfera para él.


– Ahora estirad vuestros brazos como yo y mirad al río a través de la esfera –les dijo.

Las aguas se volvieron totalmente cristalinas y permitieron ver el lecho de piedras del fondo. Inesperadamente, éstas se fueron transformando, una a una, en distintos tipos de envases y bolsas hasta que pronto cubrieron por completo el cauce. Constantino les dijo, para su asombro, que en realidad existía en el océano Pacífico una isla de basura formada por toneladas de plásticos arrojados en los mares.

– Pero si esa es la situación, ¿qué podemos hacer nosotros recogiendo estos pocos envases y cartones?- dijo Esperanza.

– Los grandes cambios –contestó Constantino- empiezan por pequeños gestos.

Esperanza iba a decir algo a Constantino pero algo captó su atención. Una sombra negra iba extendiéndose a ras de suelo desde el horizonte al tiempo que los árboles que iban quedando cubiertos por su negro manto se desvanecían.

– ¡Oh, no! ¡Es la contaminación! –exclamó Constantino. Rápido. Tenemos que hacer un globo para elevarnos y escapar. De lo contrario, pronto desapareceremos.

Siguiendo las indicaciones de Constantino, vaciaron sus bolsas. Con los distintos tipos de residuos que habían recogido (latas, envases y cartones) elaboraron una gran barquilla. Mientras, Constantino había ido construyendo con las bolsas una gran envoltura que consiguió amarrar a la barquilla a la que todos se subieron.

– Tenemos que soñar con la Tierra que nos gustaría tener. Sólo compartiendo nuestros sueños, lograremos elevarnos y escapar de la devastación que nos cerca. Cerrad vuestros ojos. ¡Y soñad!
Cerraron los ojos y obedecieron a su profesor. No tardaron en notar cómo se elevaba la barquilla y cuando abrieron los ojos vieron una nube de un blanco radiante en un cielo oscurecido.

Constantino les pidió que miraran la nube a través de sus esferas. Cuando lo hicieron, observaron cómo desde la parte inferior de la nube empezaban a surgir unos estrechos hilos de papel y cartón, que comenzaron a engrosarse y a entrelazarse hasta formar un tronco grueso que no tardó en ramificarse en distintas direcciones. Para su sorpresa, se encontraban frente a un árbol de papel y cartón. Entonces, la esfera de cada uno de los niños empezó a convertirse en una hoja brillante en la que se proyectaba una imagen de su sueño. Había de todo. Bosques preciosos, juguetes reciclados… Sin que lo pudieran evitar, las hojas fueron arrastradas por el aire hasta llegar a posarse en las ramas del árbol.

– ¡Es hora de atrapar vuestros sueños para hacerlos realidad! –les dijo Constantino.

Se acercaron en el globo a aquella nube y sujetándola por uno de sus extremos, la sacudieron. Las hojas empezaron a desprenderse. Cuando llegaban al suelo, brotaban destellos de luz en el lugar donde caían de modo que la gran sombra empezó a retroceder. La alegría inicial dio paso a un gesto de preocupación en sus caras porque pensaban que habían perdido aquellas esferas mágicas y que, sin ellas, todo volvería a ser como antes.

– ¡De ninguna manera! No olvidéis que la verdadera esfera mágica la lleváis siempre con vosotros – les dijo Constantino, mientras su mano apuntaba a su corazón.

Fue así como Esperanza y sus compañeros comprendieron el regalo que les había hecho su profesor: la oportunidad de descubrir que cada plástico o cartón que ayudaban a reciclar posibilitaba un pequeño pero poderoso sueño, que la verdadera magia era la que se encontraba en su corazón y que la verdadera aventura era la que estaba a punto de comenzar.

  • Pilar

    Qué original!!! ???

    • Antonio p.p

      Me gusta mucho

      • Antonio

        Es muy chulo lo emos echo en equipo

        • Begoña

          Bonita leccion

          • Carmen

            Está genial

            • hamilton

              todo el que pueda que vote

              • Marisol C. P.

                Muy bien. Me ha gustado mucho. Suerte !

                • Elena fernandez

                  Muy bonito y bueno me gusta mucho y ojala os valoren el trabajo q deberíamos hacer todos luchar por conservar la naturaleza