El pueblo más bello

El pueblo más bello

Escrito por: Juan Luis González
Colegio: C.R.A. Alto Cidacos
Curso: 5º/6º de primaria
Ciudad: Arnedillo
Provincia: La Rioja

En aquella tranquila aldea en la montaña casi nunca pasaba nada. Nada que no hubiera pasado ya antes. Como un continuo ritual que llegaba con cada estación: tiempo de siembra, tiempo de cosecha, tiempo de poda. Ganado que nace, ganado que crece, ganado que se llevan al matadero. Un curso que comienza y el maestro de la escuela rural un año más poniendo las ruedas de invierno a su destartalado coche con el que cada mañana recorre los sesenta kilómetros, entre viñas primero y entre olivos después, que le acercan al colegio.

Nunca pasaba nada y sin embargo el último verano había sucedido algo que lo cambiaba todo. El maestro lo comenzó a notar ya por el camino, al pasar por otros pueblos que lindaban con la carretera: ¿Dónde estaban los contenedores de basura? ¿Los habrían cambiado de sitio? ¿Los estarían limpiando? Nada más entrar en clase se le acercó Martina, una de las alumnas más pequeñas del centro, y con su vocecilla de muñequita de trapo le contó:

-“Profe, profe, ¿te digo qué? Se han llevado todos los contenedores de colores y han dejado uno sólo para toda la basura. Ahora es más fácil reciclar”.

Estaba claro que la pobre Martina no había entendido bien lo que pasaba. Algunos alumnos del grupo de los mayores le explicaron que durante el verano los vecinos del pueblo (o por lo menos buena parte de ellos) habían llegado a la conclusión de que los contenedores afeaban el privilegiado paisaje de aquellas tierras. También en la opinión de muchos todo aquello de separar las basuras, y guardarlas en cubos diferentes era según ellos algo laborioso y que en el fondo, decían, “no servía para nada”.

El asombro del profesor fue de tan grande que en los minutos siguientes las emociones se fueron transformando dentro de su cuerpo pasando de un ligero mareo, a un revoltijo en el estomago y por fin un cabreo enorme que le hizo ponerse rojo como una sandía mientras resoplaba por la boca y las narices. Todos esos años trabajando en despertar las conciencias de sus alumnos sobre un tema tan importante como es conservar nuestro planeta (el único del que disponemos) de la mejor manera posible y ahora todo ese trabajo se venía abajo de un solo plumazo por un “quítame allá esos cubos”.

Como él siempre decía, “si tuvieras que comerte un elefante, lo mejor sería dar un pequeño bocado cada vez”. Tenía que pensar cómo solucionar el problema del reciclaje, pero se había convertido en una colección de “pequeños” problemas: convencer a los vecinos de la importancia de separar, de que los contenedores no tenían porque ser feos, de que si no cuidaban su entorno pronto el paisaje dejaría de ser tan verde y limpio. Les mando a todos sentarse y recordar la importante regla de las tres “erres”.

Todos estuvieron de acuerdo en que si no ponían en práctica lo aprendido en clase cuando estaban fuera del colegio, apenas se notaría ningún cambio. Así pues se le ocurrió que podían plantearle al alcalde y los concejales un reto: calcular cuántos árboles deberían talarse al final de un año si se dejaba de reciclar únicamente papel.

-“¡Acepto!”- dijo el alcalde-“vais a ver como no son tantos”.

Cuando tuvieron los resultados, al equipo municipal casi le dio vergüenza confesar que se podían salvar tal cantidad de árboles. Los niños salieron al campo que rodeaba el pueblo y pintaron franjas blancas alrededor de los troncos de los árboles que se podrían salvar. Al verlos desde la distancia ahora ya no parecía un número tan insignificante como habían pensado.

Quedaba por solucionar el tema de los contenedores. Durante una clase de plástica se les ocurrió una idea muy creativa: decorarlos con colores vistosos. Ya que no iban a pasar desapercibidos, que su presencia tuviera un lado artístico.

¡Unos contenedores de moda! Qué bien lo pasaron diseñando unos trajes tan llamativos para que esos monstruos capaces de almacenar todos los residuos se convirtieran en santo y seña de la localidad. Hasta ahora el pueblo había sido un lugar muy visitado por la buena conservación de su pasado pero a partir de este momento la modernidad se iba a convertir en otro de sus grandes atractivos.

Y lo mejor de todo: “Reciclando cuidamos nuestro planeta”.

  • Ana Estrella Hernandez Munilla

    Bien construido y buena tematica para que los niñostomen conciencia del medio ambiente y sus consecuencias.

    • Jesús

      Preciosa iniciativa

      • Mari Cruz

        Fantástica la idea

        • margarita Pérez Sáenz

          Un 10

          • Silvia L.

            ¡Qué bonito! la mejor manera para concienciar de la importancia del reciclaje a los más pequeños. ¡Enhorabuena!

            • Sol

              A tener en cuenta y digno de aplaudir.

              • Juan Luis González

                Gracias por los comentarios, los alumnos están encantados viendo como su trabajo cobra sentido más allá de las aulas

                • Guiomar

                  ¡Me encanta!¡ENHORABUENA! Mucha suerte.

                  • Inma

                    Que buena iniciativa! Estupendo trabajo. Os aplaudo ????

                    • Jose

                      Me parece un cuento fantástico y muy bien estructurado. Merece un premio por el autor y los artistas ilustradores.