Salvemos Castañeda del Río

Salvemos Castañeda del Río

Escrito por: Susana González Alonso
Colegio: CEIP Santa Clara AL (AULA TEA) - 5ºA
Curso: 5ºA
Ciudad: Alcázar de San Juan
Provincia: Ciudad Real

Nos situamos en un colegio de un lugar no muy lejano. Era una escuela rural, rodeada de verdes prados, montañas que formaban un hermoso valle, por el que bajaba el cauce de un precioso río.

Esta historia nos cuenta cómo un pequeño grupo de alumnos, con su profesor, consiguieron salvar su pueblo, sus alrededores, y los animales y plantas que allí vivían, y que gracias a ellos, siguen viviendo.

En Castañeda del Río, la aldea dónde vivían los alumnos de Juan, se presentó el jefe de una fuerte empresa hotelera, con la idea de construir un Hotel Resort, para potenciar el turismo en la zona. En principio, los habitantes del pueblo se alegraron al oír la noticia, pero esta alegría tornó en preocupación cuando conocieron a fondo el proyecto en cuestión.

Don Godofredo, que así se llamaba el empresario, tenía intención de construir su hotel a las afueras del pueblo, para lo que necesitaba demoler la granja de la Señora Ramona, así como los verdes prados en los que pastaban vacas y caballos. También necesitaba destruir los cercados destinados a criar encinas, alcornoques y castaños, que ofrecían cada año unas cosechas de frutos además de corcho y leña, que los habitantes necesitaban para subsistir.


Cuando llegó a los oídos de Juan, el maestro de la escuela, comenzó a pensar qué podía hacer para detener semejante atrocidad. Se puso manos a la obra. Explicó a sus alumnos y a sus familias su plan, y les pareció tan buena idea, que todos le ayudaron a llevarlo a cabo.

Juan habló con la Señora Ramona, que le dio permiso para que utilizara su granja como centro de coordinación de la operación: “Salvemos Castañeda del Río”.

El plan del profesor era el siguiente: Elaborar un informe que destacara el gran valor que tenía el ecosistema que pensaban destruir.

Entre todos, se repartieron tareas. Unos salía a fotografiar animales, otros plantas, otros buscaban información sobre el hábitat de toda la fauna y la flora de la zona. Y prepararon un informe que presentaron a la alcaldesa, quien, tras estudiarlo en profundidad, denegó lo permisos de construcción a Don Godofredo.

Juan, sin embargo, sabía de la importancia socioeconómica que tenía un proyecto de semejante envergadura, por lo que propuso un nuevo enclave para poder hacerlo realidad; a tres kilómetros del pueblo, en el que el impacto medioambiental no era tan significativo, y no destruiría ninguna edificación, ni provocaría daños en la fauna y la flora autóctona.


Don Godofredo agradeció a los habitantes del pueblo su sensibilización por el entorno natural y quiso tener un detalle con los alumnos de Juan. Les dijo que les quería regalar un recuerdo y que había encargado un Guacamayo Jacinto para que lo tuvieran en el colegio, como mascota. Sin embargo, Juan, le pidió que no hiciera este regalo ya que el Guacamayo Jacinto se encuentra en peligro de extinción y no deben capturarlos para su comercialización.

Don Godofredo estaba contrariado, pero entendió que tenía que cambiar su forma de ver el mundo. La gente de Castañeda era sumamente feliz cuidando el medio ambiente. Pensó que si todos hiciéramos lo mismo, nuestro planeta estaría sufriendo menos destrucción y no estaríamos enfrentados a problemáticas tan importantes como el calentamiento global.

Lo que ocurrió como consecuencia de esta experiencia, es que solicitó ayuda profesional para replantear el proyecto del Hotel y pidió que plantearan la edificación como una construcción sostenible con energías renovables, y les propuso a los alumnos, con Juan a la cabeza, que elaboraran la mascota del nuevo complejo hotelero.

Los alumnos de Juan estaban muy concienciados sobre el cuidado del medio ambiente. De hecho, tenían unos contenedores amarillos y azules en su propia clase, donde separaban las cosas que tiraban. Si se trataba de residuos orgánicos, utilizaban la papelera normal, de color gris; pero si quería deshacerse de algo de papel o cartón, lo tiraban al contenedor azul, mientras que si querían tirar algo de plástico, o algún envase, lo hacían utilizando el contenedor amarillo. Con esta buena costumbre, trasladaron a sus casas la importancia del reciclaje y la reutilización de los materiales. Por eso, Juan volvió a pedirles que construyeran la mascota del hotel de don Godofredo con materiales rescatados de los contenedores amarillos o azules. La sugerencia se convirtió en ilusión, que los niños llevaron a cabo y de la que resultó el personaje al que bautizaron con el nombre de “Reciclón del Río”.

En la actualidad, los turistas que visitan la zona se pueden hospedar en el hotel que más respeta el medio ambiente de toda España y disfrutan y aprenden con Reciclón.