Marta, la ganadora de la última edición de Los Profes Cuentan nos cuenta cómo disfrutaron su premio

Marta, la ganadora de la última edición de Los Profes Cuentan nos cuenta cómo disfrutaron su premio

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Marta Montalvo Panadero, profesora ganadora de la 6ª edición del concurso Los Profes cuentan, con su cuento “El profesor Reciclator hace brillar a Yellow – Blue”, nos detalla en primera persona cómo disfrutaron, tanto ella como sus alumnos, del premio en unos fantásticos días en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. 

El pasado 27 de junio los alumnos de quinto del colegio Santa Clara de Alcázar de San Juan, en Ciudad Real, junto con cuatro profesoras del centro, partimos rumbo a Valencia con la maleta repleta de ilusión. Comenzábamos un viaje muy especial. Por primera vez, los alumnos iban a pasar dos días todos juntos en un lugar muy particular: ¡Dormiríamos bajo los tiburones del Oceanográfico!

Salimos con puntualidad y, tras cuatro horas en autobús en las que no paramos de vitorear a Ecoembes, a Yellow Blue y al Profesor Reciclator, llegamos al Museo de las Ciencias, donde nos esperaban para realizar un taller en el que aprendimos muchas cosas curiosas. El Taller se llamaba “Frío Frío”. La monitora que lo impartió nos mostró muchos experimentos con nitrógeno líquido y dióxido de carbono congelado que nos dejaron boquiabiertos, al tiempo que nos enseñó algunas curiosidades como que un huevo “cocinado” con nitrógeno líquido, a pesar de tener el mismo aspecto que un huevo frito en aceite de manera cotidiana, no es otra cosa que congelar el huevo, ya que al transcurrir unos minutos, el huevo se descongeló y pudimos comprobar que seguía crudo ¡No se había cocinado!

Cuando terminamos el taller, caminamos cinco minutos para llegar al Hemisferic. Allí pudimos disfrutar de una proyección en tres dimensiones de un documental titulado “Caminando entre Dinosaurios”. Nos impresionó la enorme pantalla en la que proyectaron las imágenes y los sillones, totalmente reclinados, en los que nos tumbamos para disfrutar de aquel maravilloso reportaje. La sensación era la de estar inmersos en los paisajes que veíamos; tanto, que más de uno levantamos nuestras manos intentando tocar a algún dinosaurio que nos parecía tener justo a nuestro lado. Al terminar la proyección ya era la hora de comer, y buscamos una sombra en el parque que hay junto al Museo, donde tomamos un picnic y descansamos un rato antes de comenzar la visita al Museo.

El museo de Las Ciencias consta de tres plantas. Cada una de ellas tiene temáticas diferentes. La que más nos gustó fue la tercera, donde se podía experimentar, en primera persona, muchas sensaciones, ilusiones ópticas, podías poner a prueba tu capacidad para relajar la mente, manejar determinados aparatos creados para entrenar la coordinación óculo-manual, etc. Y, por fin, al terminar nuestra visita al Museo, llegó la hora de dirigirnos al Oceanográfico.

Nuestro autobús nos esperaba en la puerta para que pudiéramos recoger los sacos de dormir y todo lo que íbamos a necesitar para pasar allí la noche. A las ocho, cuando cerraron las puertas al público, fue el momento en el que los amables monitores nos dieron la bienvenida. El parque lo íbamos a disfrutar nosotros solos. Nos habían preparado una Gymkana nocturna. Cogimos nuestras linternas y recorrimos numerosas estancias del Parque buscando las pistas que nos indicaban el camino a recorrer ¡Fue muy divertido!

Después nos dirigimos al restaurante donde nos sirvieron la cena, y una vez recargadas las pilas, fuimos al túnel de los tiburones, donde ya nos habían preparado las colchonetas en las que íbamos a poner nuestros sacos, y disfrutaríamos del ansiado momento.

Tumbarse para dormir tras un día agotador, es un placer, pero hacerlo bajo un túnel de tiburones varios (tiburón toro, tiburón cerdo, tiburón de puntas negras, tiburón martillo), peces guitarra, peces obispo, pez raya, pez manta… no tiene nombre. Si a eso le unes que lo haces en compañía de tus compañeros y amigos del colegio, la sensación es ¡genial! De ahí que conseguir silencio y conciliar el sueño nos llevó algunos minutos más de los habituales. Cuando uno se echa en la cama de su dormitorio, en cuestión de segundos está durmiendo, pero la ilusión, emoción, alegría y, sobre todo, la novedad de hacer algo tan diferente, hizo que el sueño tardara algo más en llegar. Sin embargo, el descanso fue suficiente para continuar a la mañana siguiente con nuestra excursión.

Regresamos al restaurante de la noche anterior donde nos habían preparado un delicioso desayuno. A continuación, fueron a buscarnos los guías que nos mostraron y explicaron los espacios más representativos del parque. Pudimos preguntar todas nuestras dudas y aprendimos mucho sobre el mundo de los animales acuáticos. Al terminar esta actividad, fuimos al delfinario para ver el bonito espectáculo de los delfines ¡Cómo alucinamos con las piruetas que hacían los cetáceos!

Lo siguiente que hicimos fue ir a comer al restaurante que había justo al salir del delfinario. Tras saborear una exquisita paella valenciana, dispusimos de tiempo libre para poder visitar una tienda y adquirir algún recuerdo de nuestro viaje. Después, nos dirigimos a la puerta, donde nuevamente nos esperaba nuestro amable conductor, que nos trajo de vuelta a Alcázar, con la maleta llena de experiencias, recuerdos y aprendizajes.

Quisiera hacer varios agradecimientos:

  • A ECOEMBES, por creer que la infancia tiene el poder de aprender lo que nuestro planeta necesita.
  • Al personal del Oceanografic y del Museo, por atendernos tan amablemente y comprender y atender todas nuestras necesidades.
  • A las compañeras que me acompañaron. Fue muy gratificante ver la ilusión con la que se involucraron. Mención especial a Benita López Ramírez, que nos dio ejemplo de lo que es una buena maestra, una buena persona.

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